 |
El
desafío es hacerse cargo
Por Martín Sabbatella

Para quienes nos sentimos parte del espacio progresista -con todas las
ambigüedades que esa pertenencia tiene-, asumir responsabilidades
de Gobierno es un enorme desafío. No estamos acostumbrados a ejercer
un cargo público ejecutivo, y esa cierta marginalidad institucional
es, al mismo tiempo, virtud y defecto, dependiendo de quién la
observe. Para muchos, el "deber ser" del buen progresista encuentra
su mejor y tal vez única expresión en la actitud opositora.
Asimismo, quienes suelen ser oficialistas señalan la inexperiencia
de los "progres" como su mayor defecto. [ver
nota completa]
|
 |
|
 |
 |
|
Marea progresista
Los desafíos del Progresismo en la Argentina
Por Fernando Torrillate
A poco de recorrer ese ancho mar ideológico conocido como
progresismo, el navegante se sentirá entre dos aguas: a babor,
las corrientes de izquierda más o menos marxistas, que arrastran
tanto a los autodenominados revolucionarios (que, entre otras cosas,
admiran a Fidel pero reniegan del uso de la violencia para conquistar
el poder) como a los socialdemócratas simpatizantes del pensamiento
económico de Keynes. A estribor, las poco caudalosas aguas
liberales, nutridas de la filosofía de Adam Smith, que luchan
por despegarse del fantasma "neo" y abogan por un Estado
chico y moderno, que deje actuar al mercado pero garantice igualdad
de oportunidades, derechos individuales y democracia institucional.
Basta detenerse a observar este complejo identikit progresista para
que las ambigüedades florezcan en racimo. [ver
nota completa]
|
 |
Editorial
De próceres y rufianes
Aunque la inteligencia o la sagacidad sean atributos
importantes para el hombre político, no son cualidades sólo
para quienes se ocupan de estas lides. Los rufianes, malandrines y
canallas también necesitan disponer de esas condiciones para
salirse con la suya. ¿Qué sería de esos hampones
si la fortuna no los agraciara con algo de estrategia, cierta claridad
en la proyección, sutileza en los movimientos y rigurosidad
en la falta de escrúpulos? Ni el más violento de los
atorrantes podría mantenerse incólume ante una maniobra
sagaz de cualquiera de sus pares. Para licenciarse de prócer
o de rufián, la inteligencia es una materia que debe rendirse
bien antes, durante y después de la carrera.
Por eso no es aconsejable recorrer el camino inverso y creer que aquellos
que hacen de la viveza y la picardía un método van,
por defecto, derecho al bronce. De sutiles, oportunos, perspicaces,
intuitivos, astutos o taimados está congestionada la autopista
a la gloria; casi tanto como la gruta al averno. Muchos de los gestos
de quienes condujeron los destinos del país en las últimas
dos décadas están investidos de ese don de la sagacidad,
y no faltan quienes suspiran, con una extraña mezcla de admiración,
resignación y sorpresa: "Qué vivo es este tipo".
A diestra y siniestra del arco ideológico, desde arriba o abajo
del patíbulo, siempre suena ese pretendido espectador, que
no se da por enterado que la cabeza cercana a la canasta es la que
sigue a su cuello. Pero tampoco escasean los que se esfuerzan en separar
los tantos y condenan a los pillos, por más pícaro que
sea el ademán. Son cada día más los que no se
dejan engañar con una finta, y muchos los que eligen el camino
de la honestidad, el compromiso, la solidaridad y, por supuesto, la
inteligencia, para llegar adonde siempre quisieron ir. Pareciera ser
el fin de la falta de principios, y tal vez eso sea. |
|
 |