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Fortalecimiento de la sociedad civil
El intento de imposición a nivel global de un modelo
de pensamiento único -que trasciende los márgenes
de la economía y alcanza a todas las esferas del intercambio
social- se corresponde con la generación de comunidades
en las que la competencia y el individualismo son los mecanismos
supuestamente exitosos de crecimiento. Así, la cooperación,
la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la integración
son denigradas por quienes profesan el modelo competitivo
de desarrollo social.
Sin embargo, la profundización de la crisis refleja
la incapacidad de este régimen económico y político
para dar respuestas al conjunto social y demuestra que la
exclusión cada vez más vasta es esencial a su
vigencia. Paralelamente, el asociativismo, la llamada economía
social o la creciente participación de los ciudadanos
en distintas organizaciones de la comunidad, surgen como alternativas
viables para un desarrollo más armónico y equitativo
y colocan al ciudadano en un rol protagónico en el
crecimiento no sólo individual, sino de su grupo, su
barrio o su sector social.
En ese marco, el Estado local debe promover el crecimiento
de las organizaciones de la comunidad mediante asistencia
técnica, capacitación, recursos y generación
de ámbitos democráticos de intercambio y participación.
Asimismo, debe garantizar que los distintos colectivos sociales
puedan estar legítimamente representados en los espacios
institucionales que se generen.
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