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Protagonismo ciudadano
Una de las más graves consecuencias de modelo económico
edificado a partir de mediados de los '70, fue la ruptura
de los lazos de confianza entre los dirigentes y la comunidad;
ruptura que significó un distanciamiento de los ciudadanos
respecto de su principal organización social, es decir,
el Estado. En ese marco, las acciones impulsadas por los administradores
de la "cosa pública" cayeron en un fuerte
descrédito. Muchos ciudadanos empezaron a considerar
que el Estado era el refugio desde el que se promovían
privilegios hacia los sectores concentrados del capital y
hacia los propios administradores públicos. Por ello,
la recuperación del vínculo entre gobernantes
y gobernados pasó a encabezar las prioridades de quienes
creyeron en la necesidad de construir proyectos colectivos
que además de efectivos fueran fruto de un consenso
legítimo.
Durante los últimos años, el Municipio generó
mecanismos importantes para permitir la participación
de los moronenses tanto en la definición como en la
puesta en marcha de las políticas públicas.
Ese protagonismo ciudadano -que tomó cuerpo en la realización
de audiencias públicas, la conformación de consejos
en los que se representó la diversidad de intereses
sociales y la explicitación de los patrimonios de los
gobernantes- permitió generar proyectos con fuerte
consenso social y mayor impacto comunitario. Experiencias
como la del Consejo de Emergencia en Morón -que planificó
e implementó la asistencia a las familias más
humildes durante la crisis del verano de 2001/2002- o las
audiencias públicas para la elaboración del
Pliego de Bases y Condiciones para el llamado a licitación
del servicio de recolección de residuos domiciliarios,
realizada en julio de 2000, demostraron que una mayor participación
social en los asuntos públicos redunda en mejores servicios,
con menores costos y más efectividad.
En esta línea de potenciar el protagonismo ciudadano,
el Estado municipal debe trabajar para fortalecer mecanismos
de democracia directa y semidirecta, de manera de que la necesaria
delegación de algunas responsabilidades gubernativas
-consagrada en el artículo 22 de la Constitución
nacional- no asfixie la posibilidad de que sean los propios
ciudadanos quienes diseñen la forma en la que van a
ser invertidos los recursos públicos. La puesta en
marcha de mecanismos que permitan la elaboración de
presupuestos participativos, más que una necesidad
coyuntural, es un proyecto que debe comprometer tanto a los
actuales representantes como al conjunto de organizaciones
sociales que intervienen en la realidad local.
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