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Una lucha en solitario contra la corrupción en Argentina

Por Matt Moffett
The Wall Street Journal

MORÓN, Argentina — En la oficina de impuestos del ayuntamiento de esta ciudad, los empleados destrozaron el mes pasado los cubículos que los residentes de esta zona del gran Buenos Aires conocen como "las cuevas". Eran sitios oscuros donde los cajeros cobraban los impuestos y, en una época más corrupta, los sobornos, según funcionarios de la ciudad.

El alcalde de Morón, Martín Sabbatella, rediseñó la oficina para que no hubiese barreras entre los cajeros y sus supervisores, ni forma de esconder la corrupción. "Estamos tratando de que entre la luz en los rincones oscuros del Gobierno", dice Sabbatella, de 32 años.

Antes de que fuera elegido en 1999, la sórdida política del lugar hizo de Morón el blanco de bromas, en un país en el que la gente aprendió hace mucho tiempo a esperar lo peor del Gobierno. Los fiscales estaban casi constantemente investigando los procedimientos de otorgamiento de contratos en Morón. El antecesor de Sabbatella construyó una oficina que parecía una versión más pequeña de la casa de campo presidencial y, en 2000, fue condenado por malversación de caudales públicos y amenazas simples a un ex funcionario municipal.

Para limpiar Morón, Sabbatella creó una oficina anticorrupción que presenta cargos contra policías y burócratas sinvergüenzas. Asimismo, puso en marcha una línea telefónica para que los residentes puedan dar cuenta de actos deshonestos y permitió que los contribuyentes se ahorraran millones haciendo que los contratos de la ciudad se dieran a conocer ante audiencias públicas y se sometieran a la supervisión externa. Su gestión incluso simplificó una prueba de aparcamiento en el examen de conducir con el fin de desincentivar el pago de sobornos a los examinadores.

Como resultado, Morón, una ciudad de 350.000 habitantes localizada a unos 21 kilómetros de Buenos Aires, está siendo utilizado por el Banco Mundial como un modelo de rectitud gubernamental. La oficina anticorrupción recibe llamadas de otras ciudades argentinas que buscan ayuda con sus propios problemas de chanchullos.

Sabbatella es simplemente uno de un pequeño pero creciente grupo de líderes latinoamericanos que luchan contra la arraigada corrupción de la región'a nivel local y están logrando un éxito sin precedentes. En Ecuador, algunos pueblos han comenzado a incluir la ética como una materia del programa de educación primaria. En Bolivia, hay comités de vigilancia repartidos por todo el país que supervisan el gasto público y pueden pedir auditorías de proyectos gubernamentales.

"A nivel municipal, se pueden atacar casos concretos de corrupción", dice Ronald MacLean-Abaroa, ex alcalde de La Paz, la segunda ciudad de Bolivia. Pero ha sido mucho más difícil conducir países completos en la dirección correcta, cuando todavía muchos políticos sólo hablan de reforma de boca para afuera.

La corrupción, que tiene su origen en el estilo de Gobiernos centralizados heredado de los conquistadores, ha socavado el potencial de Latinoamérica durante siglos. Los chanchullos se volvieron más visibles que nunca en la década pasada, cuando la región disfrutaba de una enorme alza en la inversión después de adoptar el libre mercado y la democracia. En México, en donde el primer presidente de la oposición en 71 años lucha por limpiar las cosas, la corrupción de bajo nivel representó alrededor del 1% de la producción económica en 2001, según un estudio de Transparencia Internacional, un organismo que sigue de cerca los casos de corrupción.

Muchos economistas ven los chanchullos como una causa subyacente de la catástrofe financiera de Argentina, que culminó hace 18 meses cuando el Gobierno declaró el mayor incumplimiento de pagos de la historia y devaluó el peso. La hemorragia en las arcas gubernamentales resultado de la corrupción contribuyó a los déficit presupuestarios crónicos de Argentina y forzó al Gobierno a seguir solicitando créditos, hasta que los prestamistas suspendieron los préstamos al país.

Esa es la razón por la que la gente considera Morón "un ejemplo muy, muy importante", dice Luis Moreno Ocampo, un abogado argentino de derechos humanos que juró el mes pasado como fiscal general del Tribunal Criminal de La Haya, un nuevo tribunal para crímenes de guerra y contra la humanidad. Sabbatella "le hace la vida complicada a otros intendentes [alcaldes], porque el coste de los contratos públicos es mucho más bajo en Morón, y todo el mundo puede ver cuánto se roba en otras partes", agrega Moreno Ocampo.

Sabbatella dice que la fórmula de Morón para un Gobierno limpio es tan simple que podría copiarse en cualquier lugar. "Es sólo una cuestión de voluntad política", afirma. No obstante, hasta ahora muy pocas ciudades argentinas han seguido su ejemplo. Parte del problema es el gobernante partido peronista, que depende menos de la ideología que de la retórica populista y las influencias. Sus raíces son tan profundas en Argentina, que muchos líderes no están dispuestos a abandonar el tráfico de influencias, a pesar de sus males. Sabbatella fue el único de 40 alcaldes en aceptar la oferta de Transparencia Internacional hace tres años de supervisar la otorgación de contratos municipales.

La mayor prueba del progreso de Morón llegará en septiembre, cuando Sabbatella busque reelegirse. Su principal oponente es un candidato peronista que podría ofrecer un acceso más fácil a proyectos de obras públicas y beneficios de desempleo que el Gobierno nacional, en poder de ese partido, está repartiendo a nivel federal. Para algunos votantes, esas dádivas podrían ser más atractivas que cuatro años más con Sabbatella.

Durante gran parte de los 90, el alcalde de Morón fue Juan Carlos Rousselot, un sonriente presentador de radio y TV, y un incondicional del peronismo. Rousselot fue elegido por primera vez en 1987, pero fue obligado a renunciar por el concejo municipal dos años después por supuestas irregularidades en un proyecto de alcantarillado.

Rousselot dice que no hizo nada malo. Los votantes lo reeligieron en 1991 en parte por su amistad con Carlos Menem, que gobernó en Argentina durante la chabacana era de prosperidad de principios de los 90, pero dejó tras de sí una estela de escándalos de corrupción.

La forma en que Rousselot gastaba el dinero también llamó la atención. El empleo de alcalde paga cerca de US$2.600 al mes, en sueldo y gastos. Pero los estados de cuenta de la tarjeta Visa de Rousselot, publicados por el periódico local El Diario en 1998, lo mostraron gastando US$25.972 un mes y US$27.919 al siguiente.

En una entrevista, Rousselot dice que trabajaba en los medios de comunicación para complementar su salario, y culpa de todas las controversias a rivales que estaban celosos de que "hacía las obras públicas que ningún presidente en Argentina se había atrevido a hacer".

Sabbatella, quien en ese entonces era líder del concejo, insistió en investigar al intendente. En 1999, Rousselot fue arrestado bajo cargos de apropiación indebida de fondos de un proyecto para un hospital. Un tribunal provincial lo sentenció a una prohibición de tres años de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos bajo un cargo más leve que el que los fiscales habían solicitado, y una sentencia a un año de prisión de ejecución condicional, por amenazas contra un ex funcionario de la ciudad.

Rousselot niega haber obrado inapropiadamente y está apelando su condena. Él dice que el arresto fue parte de una conspiración orquestada por sus enemigos políticos, incluyendo a Sabbatella y Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires que ocupó el cargo de presidente de Argentina de enero de 2002 a mayo de 2003. El Gobierno de Sabbatella ha solicitado al tribunal que encierre varios años en prisión a Rousselot.

El estilo de Sabbatella es diferente a lo que estaban acostumbrados los habitantes de Morón. Después de descubrir que los funcionarios de la ciudad no habían cumplido una promesa de repavimentar las calles del centro, Sabbatella le devolvió parte de sus impuestos a los residentes. La suntuosa oficina de su predecesor fue transformada en un museo en honor a las víctimas de la dictadura militar de Argentina, que tenía un centro de tortura muy cerca de ahí en los 70.

Después de que Morón implementó procesos de subastas competitivas para los contratos públicos, los costes de impresión de la ciudad cayeron un 75%, mientras que los gastos de mantenimiento de los hospitales se redujeron en un 35%.

scar Becerra, propietario de una imprenta local, dice que los contratos gubernamentales eran manejados de forma tan turbia durante el mandato de Rousselot que pocas veces se tomó la molestia de presentar una oferta, y que cuando ganaba un contrato era un problema que le pagaran. Bajo el Gobierno de Sabbatella, dice Becerra, "no siempre gano, pero sé que si pierdo el proceso fue honesto".

Para el contrato de recolección de basura de Morón, un enorme gasto que era un frecuente foco de controversia, Sabbatella pidió ayuda a la organización internacional Transparencia Internacional, cuyo representante en Argentina es Poder Ciudadano. El grupo supervisó las audiencias públicas e hizo que todos los funcionarios del Gobierno y los posibles interesados firmaran compromisos anticorrupción. El resultado fue que los gastos de recolección de basura cayeron un 35% y ahora son menores que los de cualquier otra ciudad cercana.

Cuando han surgido dudas sobre su propia administración, Sabbatella ha trabajado para llegar al meollo del asunto. Hace un par de años, su ex director de ingresos públicos, quien había administrado los impuestos y otros ingresos, se enfrentó a acusaciones de un concejal de que había calculado de menos algo que se le debía a Morón antes de dejar el puesto. Sabbatella reorganizó su equipo económico y presentó cargos contra el ex director por abuso de autoridad.

Para mostrar que no deben haber secretos en su Gobierno, Sabbatella publica su información financiera personal en la página web de la ciudad, incluyendo su cuenta bancaria y los estados de cuenta de sus tarjetas de crédito. (Los muebles de su casa, su TV y su ordenador cuestan menos de US$4.000, según la lista). Recibe un sueldo de cerca de US$1.300 al mes, se ha reducido el salario desde que asumió el puesto y vive con su esposa e hija en una casa que rentan por menos de US$175 mensuales.

César Mariano Albistur Villegas, jefe de inspecciones y policía de tránsito de Morón, no entrega tarjetas de presentación, porque podrían ser usadas para enseñarlas a un policía de tráfico por alguien que busca evitar un multa.

Sabbatella instaló la nueva oficina anticorrupción a unas cuantas cuadras del ayuntamiento para que los ciudadanos no se sientan inhibidos para denunciar irregularidades. Los tres empleados de la oficina mantienen fotografías de los policías de la ciudad a mano para ayudar a ciudadanos que estén intentando identificar a uno corrupto. Hasta ahora, cerca de 20 empleados acusados por la oficina han sido despedidos o no se les renovaron sus contratos laborales, y a 15 más se les trasladó a otros empleos.

A fines de 2001, cuando los inspectores sanitarios fueron a un almacén y pidieron a sus administradores un soborno de 50 pesos, un empleado les pagó, según Mariela Sabio, una abogada de la oficina anticorrupción. Pero después, el empleado llamó a la oficina y a la policía. Cuando los inspectores volvieron, fueron atrapados intentando cobrar otro soborno y llevarse carros de supermercado llenos de productos. Los inspectores fueron despedidos.

Sin una maquinaria política que apoye su esfuerzo de reelección, Sabbatella lo está intentando en solitario y ha lanzado su propio nuevo partido. Ganar de nuevo no será fácil. El Partido Peronista sigue siendo la principal fuerza política de Argentina y planea oponerse a Sabbatella presentando a una cara fresca del Concejo quien, asegura, va a continuar con los esfuerzos anticorrupción en Morón.

Updated July 1, 2003 4:01 p.m.

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